GUILLERMO El PROSCRITO

 

«-Podríamos dedicarnos a pensar –repuso Guillermo.
-A pensar... ¿en qué?
-Pues... en nada. No es indispensable que pensemos en algo concretamente. Haríamos eso tan sólo... pensar».

Acompañar en sus  aventuras a Guillermo el Proscrito, o el Travieso (just William!) es como dejarse llevar por una película de los Hermanos Marx o Woody Allen: cuando todo ha terminado uno ve su alrededor, y a sí mismo, como a través de un nuevo y más limpio cristal.

Los surrealistas debieron adorarlo -y si no lo hicieron ahí les falló la perspicacia- como adoraron a E.T.A. Hoffmann o a Jonathan Swift, e incluso debió adorarlo Ludwig Wittgenstein al nacionalizarse británico (al fin y al cabo, uno de los escritores favoritos del autor del Tractatus Logico-Philosophicus fue el burlón maestro del lenguaje Norbert Davis, con sus historias policiales y de misterio) porque pocos como él han hecho tanto por demoler lo más característico del mundo de los adultos -su inclinación a pensar y no hacer y esa estúpida razón que llevamos siempre sobre la cabeza como un peso muerto:

«-¿Para qué sirve una gorra si no es para llevar cosas en ella? Es una tontería llevarla sólo en la cabeza. Nadie usa las gorras para ponérselas sólo en la cabeza».

Al hablar de la inolvidable creación de Richmal Crompton se hace difícil no intelectualizarla un tanto, lo cual no deja de ser irónico y doblemente absurdo. Lo hizo Jon Juaristi en el periódico ABC:

"¿Cómo habríamos podido reconocer entonces en las aventuras de Guillermo la 'Bildung' del perfecto conservador? Y, sin embargo, así era. Tras cada episodio de transgresión y desorden, Guillermo aprendía a estimar el valor de la costumbre impugnada. Los dos sucesivos modelos en que se inspiró la tía Richmal, su hermano John y su sobrino Tom Disher, consumaron sendos destinos que habrían enaltecido a su trasunto literario. John Crompton sirvió en la RAF hasta 1943. Escribió libros sobre caza (del zorro) e historia natural. En cuanto a Disher, hizo una brillante carrera en el Ejército británico. A su manera, y a través de sus correlatos históricos, Guillermo Brown abandonó el viejo cobertizo y se batió en los cielos de Inglaterra por la continuidad de la civilización. Esa fue su contribución decisiva a la rebelión humana contra el tiempo y la más lograda tarea de nuestro héroe".

Juaristi se refiere a la eclosión popular de las aventuras de Guillermo en la oscura y triste España de los años 50 y 60, donde no dejaron de sufrir el látigo de la censura franquista (principalmente por la presencia de pastores anglicanos en sus páginas). Durante los años 80 la colección sería ampliada y reeditada con éxito gracias a una serie juvenil de televisión, y ahí fue cuando muchos tuvimos el placer de ser presentados. Guillermo fue sin embargo un típico producto del periodo de entreguerras: el primer volumen "Just William" apareció en Inglaterra en 1922 ilustrado de forma maravillosa por Thomas Henry, y la primera de las tiradas españolas (siempre por Editorial Molino) en 1934. Crompton continuaría con sus aventuras hasta 1968 pero éstas evocan siempre el ambiente de esa Inglaterra rural de los años 20, 30 y 40, lo bastante próximo a la ciudad de Londres como para recibir los ecos de los bombardeos alemanes, la política de racionamiento que hace desaparecer los pasteles de limón o influencias más directas y personalizadas, en forma de infortunados visitantes a la búsqueda de algo de paz. 

Guillermo, sea como sea, nunca aprendió a estimar "el valor de la costumbre impugnada". Lo atestiguan sus últimas aventuras, entre las que se cuentan algunas de las más sarcásticas y divertidas que protagonizase. Tampoco cabe hablar de historias infantiles en las que los adultos intentan recordar cómo piensan los niños, sino que es más bien al revés: en ellas es el mundo tal como lo conocemos lo que cae bajo un prisma inesperado, de una ironía deliciosa, desarmante en su lenguaje -y esto sólo podía haber tenido lugar en un idioma tan dúctil y tan dado a los contrasentidos como el inglés.

Lo que caracteriza a Guillermo es más su tendencia a reproducir el mundo de los adultos -especialmente cuando es inspirado por su amigo Enrique, que es algo así como el "pensador" de los Proscritos y el detonante de algunos de los mejores diálogos-, o al menos lo que a él le parece más interesante y pintoresco del mundo de los adultos: ese es el momento en que la lógica de los mayores -sus razonamientos, sus pretensiones, sus costumbres, su falta de humor- es desmontada y se muestra en todo su disparate y profundo absurdo. Las aparentemente inocentes aventuras de Guillermo Brown y los Proscritos suponían y todavía suponen un verdadero atentado a la razón -sólo que un atentado amable y juguetón- no tan alejadas de las locuras de tipos como Alfred Jarry y su Ubú, como podría parecer a un primer vistazo:

«A pesar de ser un niño de acción -escribe Beatriz Vera Poseck- Guillermo es un gran lector de novelas de aventuras y de misterio. A menudo deja volar su imaginación y termina identificándose por completo con los personajes de los libros que lee: bandido, detective, ladrón, contrabandista... todo es posible en su mundo imaginario. En no pocas ocasiones se anima a escribir cuentos, poesías, obras de teatro que, en su opinión, rivalizan con las de los más afamados artistas:

«-A propósito, ¿quién era Shakespeare? -preguntó de pronto Guillermo.

-Un poeta -contestó Douglas-. Y bueno, vivió y murió.

-¿No hizo nada?

-Escribió poesía.

-Eso no es "hacer" -dijo Guillermo con desdén-. Yo sé hacer poesía; quiero decir si no "peleó" o algo así».

Guillermo posee unos recursos oratorios que dejarían pálido de envidia a cualquiera. La versatilidad de su talento verbal es literalmente inagotable. Posee una lógica tan aplastante que resulta inmensamente difícil luchar contra sus argumentos. Además, Guillermo, por regla general, no tiene más que decir una cosa para creérsela él mismo. Su elocuencia, conocida y temida por todas las personas que le tratan, termina llevándole siempre lejos del asunto que trata, por lo que todos no dudan en cortarla en cuanto pueden. Su madre suele ser objeto de muchas de estas reflexiones:

«-Ya has comido bastante pastel, Guillermo -dijo la señora Brown.

-¡Bastante! -protestó Guillermo-. ¡Si apenas lo he probado aún! ¡No hacía más que empezar a comer cuando me miraste! Es pastel corriente. No me hará daño. No lo comería si me hiciese daño. El azúcar es muy "bueno" para la salud. Los animales lo comen para estar sanos. Los caballos lo comen y no les hace daño y los loros y todo eso lo comen y no les hace ningún daño».

La conciencia de Guillermo es un órgano singular: necesita mucho para despertarse, pero cuando lo hace, exige acción inmediata».

(Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, nº 212)

 

Richmal Crompton había nacido en Bury, Lancashire, en 1890, hija de un pastor protestante a la vez maestro de la escuela parroquial. Graduada en Bachiller de Artes en el Royal Holloway College de Londres, ejerció de profesora hasta 1924, año en que se dedica en exclusiva a escribir las historias de Guillermo y sus tres amigos, Pelirrojo, Douglas y Enrique. Poco antes había perdido el uso de una pierna debido a la poliomielitis. Los volúmenes de Guillermo (38) le proporcionaron una enorme popularidad e hicieron famosa su imagen de solterona apoyada siempre en su bastón auxiliar; pero también es responsable de una obra más desconocida, compuesta por relatos de misterio y terror en el mejor estilo de los maestros de la ghost story británica M.R. James y Joseph Sheridan Le Fanu.

En España la insigne editorial Reino de Redonda ha publicado una cuidada colección de sus relatos ("Bruma") y una de sus novelas, "La morada maligna".

 

GUILLERMO BROWN Y LA NUEVA CIVILIZACIÓN

 

 

 

Richmal Crompton

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"I can climb up that an' slide down the coal inside. That's what I can do. There's nothin' I can't do!" said William (ilustración de Thomas Henry, 1924)

Links:

Just William: A fansite dedicated to Richmal Crompton's irrepressible schoolboy

Richmal Crompton's Just William

Portada censurada de "Guillermo el dictador"

4 comentarios:

Sap. dijo...

Nunca leí aventura alguna del tal Guillermo, así que adquirí hace unos años la oferta de lanzamiento de una colección de libros del personaje, atraído sin duda por la mitificación que de él habían hecho desde el Savater al inefable Sánchez-Dragó. La edición, bastante pobre, contenía al menos las ilustraciones originales; pero con todo, se me hizo muy difícil su deglución. Está claro que así, a palo seco, con estos años y sin la ayuda de la salsita del buenrrecuerdo infantil, me fue imposible acabar el primer tomo. Capté que me perdí algo bueno, pero el tren de Guillermo había pasado de largo para mí sin remisión, Signor Formica.
:-(

Antonio dijo...

Para Sap:
Creo que te equivocas; hay libros de Guillermo que son infumables, pero otros son más que recomendables, incluso para un adulto.Lee Guilermo en días felices o Travesuras de Guillermo, a lo mejor cambias de opinión. Los libros escritos a partir de los años 50 son malos, y puedes haber leido uno de estos.

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT dijo...

Es verdad que hay algunos volúmenes de Guillermo muy flojos e igual diste con uno, Sap; Crompton escribió mucho y resulta lógico, pero "Guillermo el superhombre" es del 68 y es de los más divertidos. También va a gustos; sus malentendidos con su hermano Roberto daban mucho juego, y una aventura con Violeta "Izabel" por medio era garantía de éxito.

Parece claro que Crompton plagió a Penrod, un personaje infantil de una novela de Booth Tarkington de 1914 traducida al castellano como "La piel del diablo" (?). De todos modos ese tipo de carácter es por sí mismo un tópico muy antiguo (me viene a la mente ahora la niña del film "Matar a un ruiseñor", que también es una novela); Led Zeppelin por cierto también plagiaron a Sonny Boy Williamson y como decía Karl Kraus por esas mismas fechas: "No hay original si es mejor la copia".

Anónimo dijo...

http://antoniaromeroinvitados.blogspot.com/search/label/Anna%20Wohlgeschaffen

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