DOSSIER ESPÍAS: ZEPPELIN! (II)

31 de enero de 1916
EL GRAN BOMBARDEO DEL ZEPPELIN

Wednesbury, Gran Bretaña
31 de enero/1 de febrero 1996
Tom Morgan
Investigación personal, con registro de conversaciones con testigos

Empecé a escribir este artículo el 31 de enero de 1996, poco antes de las 9 p.m. Alrededor de esa hora y en la misma fecha ochenta años atrás, dos dirigibles alemanes sobrevolaban el sur sobre Shropshire, y aunque ellos no lo sabían, pronto bombardearían mi ciudad, matando casi a mi bisabuelo, a mi abuela y a su hermana.

El 31 de enero de 1916, nueve dirigibles partieron de sus bases en Friedrichshaven y Lowenthal; un número inusualmente grande. En esta ocasión no se deslizarían disimulados en la oscuridad a lo largo del Mar del Norte, para bombardear de forma desordenada la costa sur de Inglaterra y regresar luego a sus bases. Esta vez, sus órdenes consistían en bordear toda la costa de Inglaterra y bombardear Liverpool que, hasta ahora, se consideraba a salvo de este tipo de incursiones. La audacia de esta operación hasta entonces sin precedentes enseñó algo a los ingleses: que ningún lugar estaba a salvo de los ataques aéreos. Ya nadie más podía considerarse fuera de su alcance. Incluso la distante Liverpool se había convertido, por usar una frase que se haría  lugar común en las guerras del futuro, en un objetivo legítimo.

El Kapitänleutnant Max Dietrich, al mando del L21, fue el primero en cruzar el Mar del Norte, pasando sobre la costa de Norfolk a las 5.50 p.m. Hacia el Oeste él y sus hombres podían ver la puesta de sol, augurando buen tiempo. Más al interior, no obstante, se distinguían cúmulos de niebla y bruma alrededor de las áreas urbanas más densamente pobladas, que dificultaban la observación.

A cierta distancia, destacándose en la luz crepuscular, Dietrich veía el zeppelín L13 dirigido por el legendario Kapitänleutnant Heinrich Mathy, que ya había bombardeado Londres personalmente el año anterior. Allí arriba, sobre las nubes, comenzaba a sentirse en los cuerpos una temperatura gélida.

Dietrich empleó una combinación de cálculo y de la observación directa que le ofrecían las nubes al abrirse esporádicamente, trazando con cuidado su viaje. Aumentó su velocidad y dejó atrás a Mathy y el L13, hasta divisar unas luces bajo su aparato. Las mediciones del tiempo que le había llevado alcanzar ese lugar junto a la velocidad media le indicaron que se trataba de Manchester. Distinguió varios objetivos probables, pero decidió no bombardearlos y reservar el factor sorpresa para Liverpool.

A las 8:50, mirando hacia abajo desde la barquilla, Dietrich ya no pudo ver más luces, ni perfil alguno de nada que pudiese reconocer, lo que le hizo pensar que sobrevolaba el Mar de Irlanda en dirección al norte de Liverpool. Giró en dirección sur, aproximándose a la costa en busca del objetivo. Muy poco después, lo vio: allí abajo, las luces parpadeantes de un núcleo urbano. Hacia el sur y separado por una franja de oscuridad, había otro pueblo más pequeño. Dietrich supo que estaba sobre Birkenhead y sobre el mucho más poblado Liverpool, separados ambos entre sí por la desembocadura del río Mersey. Ordenó a todos sus hombres que se colocasen en sus puestos y comenzó la aproximación.

Maniobró para salirse del mar y comenzar un ataque desde el Sur, con la idea de sobrevolar Birkenhead, cruzando el Mersey hasta alcanzar Liverpool. Los oficiales permanecían concentrados ante sus instrumentos, calculando la velocidad del aire y la altitud. Las bombas incendiarias estaban listas. En el zeppelín reinaba un ambiente distendido. No se habían producido incidentes hasta ahora. Tenían todo el firmamento a su disposición. Y ahora que habían alcanzado su objetivo, el frío y el tedio de su largo viaje quedaban atrás.

A las 9 p.m. del 31 de enero de 1916 los ciudadanos de Liverpool que se encontraba fuera de sus casas (y debieron ser bastantes en esa tarde-noche de lunes) no escucharon un zumbido de motores que los hiciese levantar la vista al cielo. Y quienes de todas formas lo hicieron, por el motivo que fuese, no alcanzaron a distinguir el amenazador perfil de esa aeronave con aspecto de cigarro plateado que se disponía a bombardearlos. Esa noche las calles de Liverpool no mostrarían la típica imagen representada en los posters alemanes de propaganda –cebados mercaderes y hombres de negocios con levita y sombrero pisoteando a mujeres y niños, en un desesperado intento por salvar sus vidas. No había miedo. No había pánico. No había peligro. En el cielo, no se veía ningún zeppelín. El L21 no se encontraba sobre Liverpool, porque resulta que los cálculos de Dietrich habían sido erróneos.

Cuando creyó sobrevolar Manchester, Dietrich se equivocaba. Lo que veía abajo en la niebla, tras las cristaleras de la barquilla de observación, era Derby. Cuando creyó que habían cruzado la costa sobre el Mar de Irlanda, se equivocaba. Había estado sobrevolando las poco habitadas y escasamente iluminadas áreas de North Shrophsire y Gales del Este. Cuando pensó que sobrevolaba Liverpool y Birkenhead y el Mersey, se equivocaba. Cuando Dietrich localizó su objetivo, llamando a sus puestos a sus hombres, no estaba sobre Liverpool. Se hallaba a 75 millas al sureste. Su "Birkenhead" era Tipton, un pequeño pueblo industrial en mitad de las West Midlands. Ese "Mersey" que creía distinguir a partir de sus contornos difuminados por la oscuridad era una zona industrial, de minas y tierra baldía, conocida como Lea Brook. Y su ansiada joya, su "Liverpool", era Wednesbury –mi pueblo.

Comenzó el ataque. El zeppelín soltó sus bombas sobre Tipton y Bardley y poco después sobre Wednesbury. Cayeron sobre King Street, cerca de una gran fábrica. Una mujer, Mrs. Smith, del 14 de King Street, salió de su casa para ver qué era ese ruido. Un poco más abajo de la calle vio fuego y pensó que se había producido una explosión en la fábrica. Se dirigió a paso rápido hacia allá pero las bombas empezaron a caer detrás de ella. Se volvió y se dirigió corriendo a su casa, para descubrir que su casa era ya un montón de escombros y que toda su familia estaba muerta –su marido Joseph, su hija Nellie de trece años, y su hijo Thomas de 11. Estos tres cuerpos fueron rápidamente localizados. El de la más joven, Ina, de sólo siete años, se hallaba sobre el tejado de la fábrica. Este cadáver no sería hallado hasta la mañana siguiente. Fueron las primeras muertes que se produjeron en Wednesbury. Arriba, el dirigible permanecía suspendido en el aire, sin realizar por el momento ninguna nueva maniobra.

En el King's Music Hall de Earp Street, el público se acomodaba para presenciar la segunda parte del melodrama "The Faithful Wedding", y Florence Hill y su hermana Ellen estaban sentadas una a cada lado de su padre, en el patio de butacas. Cuando las luces principales de la sala se apagaron, sintieron una especie de ruido sordo. Muy poco después lo sintieron con más fuerza y esta vez no hubo dudas de que se trataba de explosiones, producidas en algún lugar muy cercano. Mientras Florence, que trabajaba en una fábrica de municiones, pensaba que tal vez se había producido algún serio accidente en el almacén de granadas y explosivos durante el cambio de turno de la tarde, el teatro se sumió repentinamente en la más completa oscuridad. Hubo algunos gritos y exclamaciones. El público se levantó en dirección a la salida. Florence perdió el contacto físico con su padre y su hermana y se sumó el movimiento general que se desplazaba hacia la derecha del auditorio, donde se encontraban las salidas de emergencia, preguntando: "¿Papá? ¿Eres tú?", a cualquiera con el que se tropezase o que la ayudara a levantarse. No había pánico, realmente, sino una profunda sensación de inconveniencia. Las explosiones habían cesado. Pero era evidente que algo pasaba afuera, y lo que quiera que fuese había provocado que se cortase la luz y el suministro de gas. No pasó mucho tiempo hasta que Florence se encontró en la calle cerca de Ellen. Buscaron a su padre pero no pudieron dar con él.

Todas las farolas de la calle estaban también apagadas, y sin embargo, notaron una fuente de luz proveniente de algún lugar sobre el edificio de cuya fachada todavía salía gente. La luz centelleaba. Se movieron un poco más hacia el centro de la calle y entonces vieron el zeppelín. Allí estaba, sobre la fábrica que ardía al final de Union Street, su plateado exterior reflejando las llamas del fuego que habían provocado las bombas. Debió parecerles entonces como un enorme dragón, inclinándose sobre su afligida presa. Escucharon sus motores acelerándose y vieron que la máquina giraba y se inclinaba hacia ellos.

Estalló una carrera colina arriba hacia la Iglesia, en el punto más alto del pueblo; a ellos fueron uniéndose otros que se habían visto arrojados de sus casas a la oscuridad para descubrir lo que sucedía, además de los viandantes que a esas horas todavía realizaban sus compras en los comercios del centro del pueblo. Un hombre salió precipitadamente de una casa y abrió las pesadas puertas de su sótano, que era exterior y formaba parte de la acera. "¡Aquí abajo, rápido!", gritó, y algunos aceptaron su ofrecimiento. Otros permanecieron fuera, mirando el zeppelín.

Dietrich ya había pasado por Tipton, dejando caer sus bombas incendiarias. En Union Street dos casas fueron completamente arrasadas y otras dañadas, y la central del gas ardió. En total catorce personas fueron asesinadas en Tipton. Thomas Morris contó más tarde cómo había salido corrido hacia el cine de Tivoli. Su mujer se había llevado a sus hijos a visitar a su madre. Cuando llegó a la casa de su suegra en Union Street, se encontró con que ya no existía y entre sus escombros halló cinco cadáveres –los de su mujer, sus dos hijos y sus suegros.

Dicho sea de paso, agradezco a Colin Grainger que me hablase de una de las víctimas de Tipton, Elizabeth Insull. Elizabeth se había casado con un barquero, James Cartwight, el 30 de enero de 1904, y fue asesinada exactamente 12 años y un día después, cuando el zeppelín bombardeó Union Street. Fuese quien fuese el responsable de certificar la causa de su muerte en el registro de fallecidos de la ciudad algunos días después, no se anduvo con rodeos:

"Causa de la muerte: cuerpo destrozado debido a la explosión de una bomba lanzada por una aeronave enemiga; cargos de asesinato con premeditación contra el Káiser de Alemania y su hijo el príncipe heredero como cómplices del hecho”

El L21 se había ido desplazando hacia Lower Bradley, dejando caer cinco bombas más que mataron a una joven pareja, Maud y William Fellox, cuyas muertes se conmemoraron con una pequeña placa en un muro cercano al lugar donde fueron encontrados.

Después de dejar Wednesbury y sobrevolar las cabezas de Florence, Ellen y muchos otros que miraban hacia lo alto desde la colina de la Iglesia, Dietrich se dirigió al norte, hacia Nalsall. La primera bomba cayó sobre la congregación de una iglesia. Allí estaba teniendo lugar la primera clase de preparación para los chicos de la escuela local de primaria, pero nadie fue herido, aunque un hombre que caminaba por la calle murió instantáneamente cuando un cascote, o una explosión, le arrancó parte de la cabeza. Dietrich movió su aeronave sobre el centro de Walsall. Su última bomba hirió a Julia Slater, la esposa del alcalde, cuando se encontraba en el tranvía. (Sufrió serias heridas en el pecho y el abdomen y murió unas pocas semanas después, por el shock y la septicemia. El War Memorial del pueblo de Walsall fue levantado allí, en el lugar donde cayó la última bomba de Dietrich). A una orden de su capitán, el timonel hizo girar el L21 en dirección a Alemania.

Por entonces Florence y Ellen Hill ya habían tomado la decisión de dirigirse a su casa para ver si podían encontrar allí a su padre. El zeppelín se había ido perdiendo de vista, y el frío empezaba a dejarse sentir. Así que abandonaron la Iglesia y llegaron a casa sobre las 11 pm uniéndose a los muchos vecinos que había allí reunidos en los portales de sus casas, comentando los sucesos de la noche. Después de unos veinte minutos, Florence vio a un hombre que se aproximaba cojeando hacia ellas. Era su padre. Temiendo que estuviese herido, corrió hacia él junto con algunos vecinos. Le faltaba una bota. La había arrojado hacia el L21 cuando lo vio sobrevolándole, y luego no pudo encontrarla. Tras este valiente gesto de impotencia buscó a sus hijas, hasta que se sintió extenuado y regresó a casa esperando encontrarlas allí.

A media noche toda la familia se había dormido. Tenían mucho en qué pensar. Esa noche habían estado a punto de morir. El riesgo había sido tan real, tan impredecible como el que hacían frente Dick y Martin en las trincheras –los prometidos de Florence y Ellen. Las chicas habían leído en los periódicos artículos sobre los zeppelines, ¡y ahora habían visto y oído uno!. Florence cayó dormida pensando en Dick, que estaba destinado en Francia. Y, como me dijo muchos años más tarde, resultó que pensó también en mí porque se sorprendió diciéndose a sí misma: "esto será algo que contaré a mis nietos".

En lo que no pensó, no obstante, fue en la posibilidad de que menos de quince minutos después sería despertada por el zumbido de otro motor, que la haría levantarse de la cama, apartar las cortinas y ver otro zeppelín bombardeando Wednesbury.

A tres millas al sur aproximadamente, el L19 había estado deleitándose en las alturas, al ralentí, mientras el Kapitänleutnant Loewe consultaba sus mapas. Loewe no había mantenido comunicación con Dietrich del L21, pero por lo visto cometió los mismos errores de cálculo en su vuelo sobre Inglaterra. En esos momentos, mientras los hombres de Dietrich andaban ocupados en dirigir el zeppelín a casa, Loewe examinó las evidencias. Finalmente llegó a una conclusión, idéntica a la de su colega. Él, también, creyó que había localizado Liverpool. Veía brillar el fuego con intensidad bajo su aparato, lo que le confirmaba el éxito de la misión. Mientras Florence se dormía dio nuevas órdenes.

Wednesbury se convirtió otra vez en el objetivo.

El L19 era un dirigible de reciente fabricación. Se terminó de construir a finales de noviembre de 1915. Desde el principio sin embargo sus motores habían estado dándole problemas y era debido a esto que iba a remolque del L21. (El L21 era de hecho incluso más joven que el L19: llevaba apenas tres semanas de servicio, previamente a este ataque. Los dos tenían el mismo tipo de motores, aunque sólo los del L21 funcionaban a la perfección).

Loewe dejó caer sus bombas en la misma zona, muchas de ellas sobre Wednesbury. Esta segunda incursión no produjo tantos daños y nadie resultó herido. Por lo tardío de la hora, hubo menos testigos presenciales y el ataque causó menos sensación que el de Dietrich. El L19 comenzó a oscilar lentamente hacia el este, dirigiéndose a la costa. Para Loewe, para su tripulación y para el L19, este sería su último vuelo. Los problemas en los motores persistieron y al final el aparato se precipitó en el Mar del Norte. Sus restos fueron divisados por un barco pesquero británico cuyo capitán, tras hablar con la tripulación, rehusó subirlos a bordo, temiendo (eso fue lo que dijo más tarde) que pudieran apoderarse de su barco y de sus hombres. El pesquero salió en busca de algún buque de la Royal Navy, pero para cuando quiso llegar al puerto el L19 se había hundido por completo. No hubo supervivientes, aunque algunos hombres de su tripulación enviaron diversos mensajes dentro de botellas, que serían recuperados algunos meses más tarde. Uno de esos mensajes era del mismo capitán Loewe:

"Con quince hombres en la plataforma superior y los travesaños del L19, flotando sin la barquilla aproximadamente a 3º longitud Este, intento enviar este último informe. Problemas sucesivos con los motores, un fuerte viento desestabilizador demora nuestro viaje de regreso y, en medio de la niebla, nos lleva hasta Holanda donde somos recibidos con fuertes disparos de rifle. La nave se vuelve más pesada y fallan simultáneamente tres motores. 2 de febrero de 1916, alrededor de la 1 p.m., aparentemente nuestra última hora. Loewe".

Dietrich y el L21, junto a las otras naves que habían comenzado el ataque (y cuyos bombardeos han quedado fuera de este artículo) regresaron sanos y salvos a casa, listos para futuras misiones. La relación del L21 con Wednesbury terminó el 28 de noviembre de 1916, cuando fue alcanzado más allá de las costas de Lowestoft tras una incursión en tierras inglesas y cayó envuelto en llamas. No hubo supervivientes. El comandante en esa ocasión fue el Oberleutnant Frankenberg.

El país percibió estas incursiones aéreas como algo embarazoso. Nueve zeppelines fueron capaces de sobrevolar Inglaterra sin la menor oposición. Algunos aviones despegaron pero ninguno pudo aproximarse a las aeronaves. Después de esto, se prestó mucha más atención a la defensa aérea.

Las incursiones alemanas sobre Wednesbury y los pueblos de los alrededores hallaron eco los periódicos del día siguiente. Se publicaron algunas fotos, pero debido a la censura de guerra no se mencionó el nombre de ninguno de los pueblos. Lo cual no cambiaba nada. Todo el mundo en Wednesbury sabía qué había pasado, y dónde.

Hoy, apenas nadie lo recuerda. Los restos calcinados de la fábrica de Crown Tube Works, que siguieron en pie durante algún tiempo después de la guerra, fueron finalmente demolidos hacia la década de los 60. Las características farolas de hierro de King Street agujereadas por la metralla fueron sustituidas por otras aproximadamente en las mismas fechas. Del muro sólo permanece una sección, y sus ladrillos todavía muestran las huellas de una bomba que cayó en las cercanías.

Florence Hill, mi abuela, que tuvo un casi perfecto panorama de la incursión alemana desde su posición en la Iglesia de la colina, murió hace dos años a la edad de 100. Conozco a algunas personas que todavía viven y que eran niños esa noche, cuando vieron el zeppelín. El más joven tiene 85 años. Los periódicos que escribieron sobre el ataque de 1916 todavía se editan. Pero, esta vez, no ha habido la menor alusión a este recuerdo.

  TOM MORGAN

THE GREAT ZEPPELIN RAID

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fascinante historia...

Olympia.

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT dijo...

A sus pies, mademoiselle Olympia...

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