DOSSIER ESPÍAS: LOS ARCHIVOS HANNS HEINZ EWERS (1)

CONTENT

Informe del agente C.J. Scully. Nueva York. 4 de diciembre de 1917.

En relación a Hanns Heinz Evers, por actividades pro-germanas.

El que subscribe, en compañía del agente Newman, en el 157 de Lexington Av., interroga a una tal Miss Josephine Weischer, que declara lo siguiente:

Que nació en Colonia, Alemania, donde trabajó durante algunos años como maestra de música. Que allí conoció a Miss Julia Irving, la cual residió en Alemania durante un tiempo, y que le ofreció a ella, Miss Weischer, empleo como institutriz de un niño adoptado, acompañando a ambos a los Estados Unidos, donde llegó el 19 de octubre de 1916; que durante algún tiempo vivió con Miss Irving en el 245 E. Calle 19 pero fue finalmente despedida, debido al hecho de que sabía demasiado de sus actividades en relación con ciertos alemanes, a saber, Dr. Evers y Dr. Bertling, los cuales estaban involucrados en difusión de propaganda alemana en este país; que siendo Miss Irving consciente de lo que sabía Miss Weischer, con la ayuda de Evers la había llevado al Bellevue Hospital para que examinaran su salud mental, pero que tras una estrecha observación de 48 horas fue dada de alta por estar mentalmente sana; que desde entonces había abordado a Miss Irving en numerosas ocasiones para pedirle dinero y finalmente Miss Irving le pagó la suma de 125 dólares (la cantidad que le prometió para su billete de vuelta a casa), suma de dinero que Miss Weischer cree que le fue dada para que no informase de lo que sabía.

Interrogada acerca de ello, afirma que el Dr. Heint Evers es y ha sido un activo agente de propaganda germana; que carece de medio de vida conocido, pero que él afirma ser poeta que dedica gran cantidad de tiempo a escribir libros y traducir, lo cual ha sido confirmado por Miss Irving. Que Evers teme que está bajo vigilancia por parte de este gobierno y que para no ser sorprendido con ningún documento incriminatorio, usualmente los esconde en el armario de la cocina de la casa de Miss Irving.

Miss Weischer afirma que no puede informarnos de la naturaleza de la propaganda llevada a cabo por Ewers pero que sabe que ha estado escribiendo un libro sobre la sociedad de Nueva York. Interrogada por el origen de los ingresos de Evers, la mujer contesta que en las dos o tres ocasiones en que ha visto personalmente a Evers, ha escuchado por Miss Irving que Evers está recibiendo dinero por su trabajo para varias sociedades germanas.

Esta mujer también refiere que tiene conocimiento de que Evers viajó de Estados Unidos a España hace poco tiempo bajo un nombre falso (cree que Renfass), tras recibir un pasaporte suizo fraudulento. Durante los pasados meses, Evers ha sido contratado en varias ocasiones por el Irving Place Theatre (un teatro alemán), en el que se han representado varias obras de las que es autor. Lo describe como de unos 40 años de edad, alto, bien formado, cabello oscuro.

Miss Weischer aparenta guardar un gran rencor hacia Miss Irving y Evers, por encontrarse sin fondos en la actualidad y responsabilizar de ello a ambos.

Tras llegar a la oficina de la Agencia, puestos en comunicación con el abogado Todd, decidimos solicitar la presencia de Miss Irving en esta oficina el jueves a las 11 a.m., con la idea de interrogarla.

Informe del agente C.J. Scully. Nueva York. 6 diciembre de 1917.

Puestos en comunicación esta mañana temprano con el abogado Ambrose G. Todd, del 165 de Broadway en esta ciudad, acordamos visitarlo a las 11. A esta hora, acompañados por el agente Blatchford, llegamos a su oficina, donde recibimos la visita de Miss Irving, a la cual interrogamos yo y mi compañero. Esta mujer manifiesta que es cierto que se comunica con Evers todos los días por teléfono, pero que siempre es en relación a su trabajo de traducción de artículos escritos por Evers, la mayoría relacionados con novelas que planea publicar, y que en ocasiones ha cenado con él y que una vez lo acompañó al teatro; que Evers, antes de la declaración de guerra de EEUU a Alemania, había participado en varios debates en esta ciudad y que había dado discursos en defensa de Alemania; que Evers es un extranjero enemigo; que no ha solicitado papeles de ciudadanía norteamericana y que, según le ha dicho, confía en que Estados Unidos pierda la guerra, expresando su confianza en una victoria alemana. Miss Irving declara desconocer las fuentes de ingresos de Evers, así como la naturaleza de las actividades pro-alemanas en las que puede estar envuelto, aunque de forma reluctante admite que es posible que haya estado recibiendo dinero de varias sociedades alemanas de este país dado que no le conoce otra ocupación que la de escritor. Miss Irving admite ser muy amiga de Evers; que Evers se ha divorciado dos veces; que él sabe que varios detectives han estado siguiéndolo, y que ciertos documentos le fueron entregados por él para que se los guardase. En otro momento del interrogatorio admite haber viajado a Berlín el 11 de mayo de 1916, en contra del consejo de su familia y amigos, regresando a Nueva York en octubre del mismo año, pero que el propósito de su viaje era sólo recoger el resto de sus pertenencias en Berlín.

Al serle mencionado el viaje realizado por Evers a España bajo un nombre falso, Miss Irving, al principio, niega que lo conociese en esa época, pero más tarde declara que él le habló que tenía pensado ir a España, aunque nunca le dijo que lo haría bajo otro nombre y con un pasaporte fraudulento.

Miss Irving se muestra en todo momento muy reticente a responder a nuestras preguntas, esforzándose por defender a Evers.

En compañía de esta mujer y del abogado Todd, el agente Blatchford y yo nos dirigimos a su apartamento, en donde hallamos un sobre dirigido a Mr. Eric Posselt del Deutsches Journal, Nueva York, escondido en lo alto de una alacena de la cocina. El sobre contiene un número de recortes de periódicos locales, casi todos en relación con desastres ocurridos en este país, como un accidente en un campo de entrenamiento de soldados, explosiones, huelgas, etc.  Junto a los recortes, los agentes encuentran una copia mecanografiada de un capítulo de un libro que Evers está escribiendo, el cual trasladamos a la oficina de la Agencia para su traducción por el agente Perkins, pareciéndonos evidente Evers está difundiendo propaganda pro-germana. En el apartamento de Miss Irving el agente Blatchford encuentra una fotografía del Káiser, además de un libro sedicioso titulado "Neutralidad", una crucifixión a la prensa, el cual Miss Irving entrega voluntariamente.

Toda la operación es llevada bajo las órdenes y la supervisión del Superintendente de División Offley durante la tarde, y tomamos la decisión de continuar investigando en fechas próximas.

Informe del agente C.J. Scully. Nueva York. 22 de enero de 1918.

El día de hoy llamé a la oficina del abogado Mr. Hay en el 66 de Wall Street, Manhattan, para averiguar si sabía algo más sobre el Dr. Evers por parte de su informante, a quien recientemente hemos identificado como el Prof. Racca de la Universidad de Nueva York. No encontrándose Mr. Hay en su oficina, le dejé recado de que se pusiera en contacto conmigo telefónicamente. Más tarde recibo su llamada y me comunica que precisamente hoy ha tenido conocimiento por su informante de que Evers guarda ciertos papeles secretos en un baúl perteneciente a la institutriz de Miss Irving, baúl que se encuentra escondido en un sótano del edificio en el que el informante tiene su estudio y que este sujeto se está ansioso de que aprovechemos la primera oportunidad para examinarlo.

Para lo cual el abogado Mr. Hay y Mr. Racca han dispuesto lo necesario, poniéndose en contacto con la oficina mañana con objeto de concertar una cita el jueves para examinar el baúl en cuestión.

Informe del agente C.J. Scully. Nueva York. 24 de enero de 1918.

Hoy, en compañía del agente Cronewald, fuimos al 71 de 1st. Place, Brooklyn, donde nos encontramos con el Profesor Racca, quien enseguida me lleva al sótano de su edificio, donde procedemos a abrir un baúl propiedad de Miss Galle, cuyas llaves nos son proporcionada por Henry Hunt, un cerrajero del 44 de la Calle Pulson de Nueva York. El contenido del baúl no revela pruebas incriminatorias, y Mr. Racca da su opinión de que Miss Galle con toda seguridad las ha sacado de allí.

Racca es entonces interrogado por los agentes, y nos dice que Miss Galla le había comunicado a su mujer que Miss Irving le había pedido que le guardase ciertos papeles que ella había depositado en el citado baúl. El único contenido encontrado es una camisa entallada de señora y otros pequeños artículos de ropa entregados probablemente a esta mujer por su empleadora. A la pregunta de Mrs. Racca, sobre qué contenía el baúl, insiste en que contenía papeles.

12 de junio de 1918. William Wallace, Jr. Asistente especial del Fiscal. Edificio Federal. Nueva York.

Estimado señor:

En respuesta al caso Hanns Heinz Ewers. Agente extranjero enemigo.

Sobre el sujeto, autor de cierta importancia, sospechoso de ser propagandista alemán, se nos informa que recientemente ha viajado a España con pasaporte falso y con ayuda exterior. Deseamos seguir investigando al individuo, al que hemos hallado en posesión de una gran cantidad de literatura sediciosa, y al que rogamos que pongan bajo arresto hasta que hayamos finalizado la investigación.

Atentamente.

El Superintendente de División.

Informe del agente C.J. Scully. Nueva York. 13 de junio de 1918.

Referido a la carta del Jefe (...), con fecha 9 de junio de 1918, con las iniciales UDA (...), referente a Hanns Ewers del 35 de la Calle 27 Este, Nueva York, como espía alemán en activo, este agente, en compañía de su homólogo Perkins, se dirigió a la dirección arriba mencionada, descubriendo que correspondía al Hotel Senton. El gerente de este hotel, Mr. Gorgas, afirmó que Ewers había dejado su habitación y que durante los últimos cuatro meses había recibido a numerosos visitantes, entre ellos muchos alemanes y cuatro o cinco mujeres muy elegantes. Accedimos a su apartamento y lo examinamos sin encontrar más objetos personales que unas pocas cartas. El cuarto estaba lleno de copias de "Liberator" y otras publicaciones sediciosas, además de muchos manuscritos, todos ellos literatura de ficción escrita por Ewers.

Una carta dirigida a Ewers el 10 de septiembre de 1917, por el abogado James M. Reck lee como sigue:

"Le envío a usted la versión alemana de mi primer libro de la guerra, que creo podría interesarle. Si no se anima a leer el análisis de los documentos diplomáticos, espero que lea al menos el prólogo y el epílogo y verá que no me falta admiración por Alemania, aunque debo admitir francamente que las barbaridades de esta guerra han sido un duro golpe para esta admiración"

Una carta con fecha 17 de mayo de 1917, encontrada entre las páginas del "Deutsches Journal" y firmada por Arthur Schonstadt, editor, ofrece a Ewers un certificado de salud, y da fe de que nunca ha estado relacionado con políticos de ninguna clase. Esto es falso, desde el momento en que Ewers ha hablado en defensa de Alemania en muchos debates que han tenido lugar en la ciudad, antes de la entrada de los USA en la guerra. El escritor también afirma que Ewers llegó al país desde Sudamérica al principio de la guerra y que ha vivido aquí desde entonces. Subsiguientes investigaciones demuestran que esto no es verdad. Otto E. Kahn le escribió el 16 de agosto de 1917 en relación con una ópera escrita por Ewers. También encontramos una carta enviada a Ewers por Aleister Crowley, del 34 Oeste de la Novena Avenida, de Nueva York. La carta parece haber sido escrita por alguien mentalmente desequilibrado. También fueron encontradas cartas de amor sin firmar. Es bastante evidente que Ewers esperaba nuestra visita en su apartamento porque encontramos una declaración de su puño y letra abierta sobre la mesa; supuestamente, un breve retrato de su vida. En él dice que su abuelo fue un coronel de los Estados Unidos durante la Guerra Civil; que él, Ewers, nació en Düsseldorf, Alemania, y que vino a los Estados Unidos en 1914 desde la Patagonia. Dice que publicó un poema en un periódico alemán que fue censurado allí por "ridiculizar al káiser" y a resultas de ello lo enviaron a prisión durante cuatro meses. También alega ser un defensor de la ley británica y del Gobierno británico en la India. Alega haber terminado con su ciclo de conferencias tan pronto como Bernstorff, Durnburg y el Dr. Albert, Von Pappen, etc., llegaron a este país. Que se opone a la propaganda de estos diplomáticos. Que entonces viajó a España y escribió un libro titulado "Los USA y la guerra", cuyo manuscrito envió a Alemania, fue impreso pero finalmente secuestrado por los censores por criticar la estupidez de Alemania por involucrar a los USA a la guerra.

Ewers llega al apartamento sobre las 2:30 p.m. y se muestra muy nervioso al encontrarnos allí. Interrogado sobre sus negocios en Estados Unidos, declara que se encuentra en este país en contra de su voluntad y que su propósito es regresar a Alemania. Dice tener 47 años, casado y divorciado. Que su primer viaje a EEUU fue en 1893 y su último viaje en 1914 directamente desde Sudamérica. Que es poeta y dramaturgo de profesión y que se mantiene a sí mismo con su pluma. Admite no haber solicitado nunca papales de nacionalidad norteamericana. Preguntado por sus razones para visitar España durante 1914, Ewers afirma que fue allí para escribir un libro llamado "Vampiro" (esto contradice su declaración escrita, pues afirmaba que el título era "Los Estados Unidos y la Guerra"), cuyos personajes son nativos de Nueva York. Preguntado porqué tuvo que ir a España para escribir acerca de personajes neoyorkinos, Ewers es presa de una gran agitación y dice que necesitaba de la luz y calor españoles para poder escribir. Más tarde afirma que el manuscrito de "Vampiro" ya ha sido enviado a Alemania para su publicación.

Ewers afirma que partió de los USA en un vapor de las líneas españolas en abril de 1914 y que permaneció en Cádiz, España, hasta la primera parte de diciembre de 1915 regresando entonces a Nueva York, también en un vapor español. Niega categóricamente haberlo hecho bajo un nombre falso, y niega que alguna vez se ha servido de nombres tales como Von Sokalts, Krooger, Evers o Ernest Reufer, y dice no conocer a nadie que use esos nombres o similares. Todas estas preguntas no son respondidas con franqueza por el sujeto, por lo cual se lo emplaza a acompañarnos a las oficinas de la Agencia.

En este punto de los interrogatorios, una mujer entra en el apartamento de Ewers y lo saluda con besos. La mujer afirma llamarse Mrs. Phillip Lewisohn del 923-5th Avenue, Nueva York, hija del abogado Guggenheimer, natural de Estados Unidos. Que su marido murió el pasado noviembre y que desde entonces ha estado haciendo compañía a Ewers, al que conoce desde hace años y a quien visita con frecuencia en sus apartamentos. Esta mujer parece tomarse las investigaciones a broma y, preguntada por su dirección, refiere: Guggenheimer, Ubermeyer & Marshal, Abogados, o en su defecto: Sr. El Bárbaro [?], su consejero particular. Ewers, preguntado por Miss Julia Irving, afirma que ella vive cerca de Rochester, NY, y que sólo la ha visto una vez en los últimos meses.

El sujeto es llevado a la oficina de la Agencia donde el Agente Waggerson lo examina más largamente, y de nuevo niega haber usado un nombre falso aquí, en el extranjero o en el momento de embarcar. Antes de que este agente lo abandone, admite haber intimado con los prominentes sujetos enemigos que detallo: Von Bernstorff, Dr. Karl Fuhr, Dr. Bernburg, Karl Boy-Ed, Hans Libau, Mr. Fontain, etc. Su libreta de direcciones incluye las de todos ellos, y las de otros que son familiares en esta Agencia por estar siendo investigados en relación a intrigas contra los Estados Unidos y sus aliados. Al final del día soy informado que toda la correspondencia personal recibida por Ewers es inmediatamente destruida por él mismo, tras su lectura. El caso requiere investigación.

Nueva York, 13 de junio de 1918. Agente L.G. Perkins.

Acompaño al agente Scully al Hotel Benton, N. 35 Calle 27 Este, para visitar al Dr. Hanns Heinz Ewers, un enemigo extranjero al cual Scully y otros han estado investigando por algún tiempo. Somos llevados a su habitación por H.K. Gargen, el gerente del hotel, y de inmediato buscamos documentos y papeles. Nada especialmente sospechoso, excepto ejemplares de Gaelic American, Liberator y otra propaganda pro-germana. Ewers tiene una habitación agradablemente decorada, con baño privado, y el gerente nos informa que Ewers sale todos los días con una mujer de piel oscura que tiene un chófer alemán, y que recibe grandes sumas de dinero y muchos visitantes alemanes, alguno de los cuales afirma haber estado en México.

Mientras examinamos el apartamento, aparece Ewers, y nos dice que estamos invitados a mirar todo lo que queramos. En la mesa se halla una historia de su vida escrita muy pulcramente en inglés, dispuesta allí para el caso de nuestra visita. Nos comunica que ha sido interrogado hace poco por militares, que no han hallado nada contra él. Nos anuncia también que va a recibir la vista de una señorita a la que tiene en gran aprecio. En una visita a esta oficina hace algunas semanas, Ewers me hizo saber la existencia de una señorita muy rica que moriría si algo malo le sucediese a él. Le pregunto si se trata de la misma mujer y me dice que sí, añadiendo que se trata de Mrs. Philip Lewisohn, de la acaudalada familia Guggenheim de esta ciudad. Poco después de decirlo, una mujer de tez morena y rasgos decididamente semitas entra en la habitación, siendo recibida calurosamente por Ewers, y nos presenta a ella como caballeros del Departamento de Justicia. Su relación parece tan íntima que le pregunto si está comprometida con el Dr. Ewers. Ella responde que su marido murió hace poco y que preferiría no contestar a la pregunta. Más tarde interrogo a Ewers. Me dice que Philip Lewisohn murió en noviembre, y que en diciembre él y Mrs. Lewisohn "habían llegado a un entendimiento", aunque añade que ya antes eran amigos, y que confía en casarse con ella.

Ewers se muestra visiblemente trastornado cuando le decimos que debe acompañarnos. Lo hace con la mandíbula caída y la boca abierta y estado de total estupefacción, como si previera una gran calamidad, y llevado ante Mr. Haggerson, el agente de enlace en esta oficina, camina agachado e inclinado, como bajo un gran peso; pero pronto se recupera. Nos dice que él no es amigo del Káiser, sino favorable a una república alemana, pese a que existen numerosas pruebas de que ha defendido ardientemente al Káiser y la guerra imperial en muchas ocasiones.

Cuando le pregunto a Mrs. Lewisohn cómo localizarla telefónicamente, responde con altivez: "Puede llamar a la residencia de los Guggenheims". Le digo que nosotros no estamos interesados en los Guggenheims, y que su relación con ellos no nos impresiona en absoluto. Nos dice que realmente no desea que su familia se entere de su relación con Ewers, "ya que la estima pública por los alemanes ha caído muy bajo".

Otros detalles sobre el caso en posteriores informes.

Nueva York. 14 de junio de 1918. Agente L.S. Perkins

Hanns Heinz Ewers, el extranjero enemigo que fue traído a esta oficina ayer por el agente Scully y yo mismo, ha escrito un gran número de libros y obras de teatro, los cuales, dice él, han sido traducidos del alemán a doce idiomas. Es un incansable escritor de pacotilla, y hasta hace pocas semanas un colaborador diario de la edición matinal del New Yorker Staats-Zeitung, con su obra "Con mis propios ojos", presuntamente una colección de observaciones escritas en diferentes lugares del mundo, pero, en su mayoría, bobadas deprimentes que pueden o no contener significados ocultos; aunque tienen poco sentido en alemán. Muchos lectores han protestado por la publicación de este material, aunque no fue hasta el momento en que plasmó cierto comentario -a saber: que se aprende más en las cafeterías alemanas que en cualquier universidad del Nuevo Mundo- que estalló una abierta animadversión pública hacia su persona. Tras descubrir estas gemas literarias de Ewers, aconsejé a Bernard H. Ridder que lo despidiese si no quería que el Staats-Zeitung muriese de muerte prematura. El editor jefe, Reginald Schoroeder, ha intentado en vano mantener alejado a Ewers del periódico, y le alegró saber que tratábamos de silenciarlo.

El agente Scully ha investigado el asunto de los pasaportes falsos de Ewers, y su informe está listo para ser consultado. Ewers ha escrito dramas, escenarios, historias cortas, novelas y poemas, ejerciendo como exhibidor de escenas de guerra alemanas; ha hablado en público a favor de la causa alemana, realizando misteriosos viajes a España, y en 1914 publicó en el New Yorker Staats-Zeitung un artículo titulado "Nosotros y el Mundo" en el que glorifica los éxitos germanos en Bélgica, Francia y otros lugares, augurando una abrumadora victoria para Alemania en términos tan encendidos que el Emperador Guillermo ha ordenado la distribución de sus poemas entre las tropas alemanas, a través de millones de copias de los mismos. Niega saber que el Káiser haya hecho esto, al ser preguntado sobre ello, pero estoy convencido de que miente. El triunfalismo y la arrogancia de este poema alemán, del cual tenemos una copia, es difícilmente superable por cualquier otro que se nos ocurra.

Ewers finge que no sirve al Káiser; que apoya una República alemana, e insiste en recordarnos que ha sido arrestado en su país por faltar el respeto a su Majestad. Sea como sea, los textos del New York Tribune muestran de forma indiscutible que Ewers es devoto del Káiser y de su causa desde el mismo principio de la guerra. Estoy convencido de que no vino a los Estados Unidos por accidente en el año 1914, igual que otros muchos alemanes llegados a este país para servir al Káiser según sus talentos y habilidades. En una entrevista al Tribune el 7 de agosto de 1914, Ewers declaró:

"Alemania no puede perder. Nosotros los alemanes sabíamos que la guerra era inevitable desde el momento en que se conformó la Triple Entente. Nos hemos preparado desde entonces con redoblada energía, y estamos tan dispuestos como puede estarlo una nación".

También afirmó que ningún capitán de un navío alemán se rendiría jamás, y que preferirían ir al fondo del mar con la bandera ondeando. Añadió en el Tribune, en enero de 1915:

"De esta guerra Alemania emergerá intelectual y artísticamente fortalecida, en literatura y artes... Nuestro país ha sido tan cortés con el resto de naciones, tan ansiosa de agradar... Alemania es demasiado fuerte, demasiado joven y vigorosa para perder. En la lucha del nuevo orden que saldrá de esta guerra, Alemania será más fuerte gracias al sacrificio de hoy".

En el Tribune del 1 de febrero de 1915 se relata el debate que tuvo lugar en el Park Theatre la noche antes, entre Miss Gertrude Kingston, una actriz inglesa representante de los Aliados, y el doctor Ewers, hablando por la parte alemana. El público era mayormente pro-alemán, y a Ewers le sorprendió gratamente que se le ovacionara antes incluso de abrir la boca. Dijo entre otras cosas:

"Se nos pregunta a los alemanes que por qué odiamos a los ingleses. Han llamado al Káiser perro rabioso, y todavía nos preguntan que por qué les odiamos".

Según relata el periódico, el público del teatro respondió con una atronadora ovación.

También da cuenta el Tribune del 13 de febrero de una exhibición de imágenes bélicas en el Irving Place Theater, añadiendo: "Las imágenes son las primeras de una serie que Hanns Heinz Ewers ha recibido de la Oficina de Asuntos Alemanes", refiriéndose a Ewers como un oficial de la reserva de la armada alemana que ha dicho que, en su opinión, "Alemania prepara una ofensiva naval sin precedentes contra las Islas Británicas". También es el secretario de la Liga Alemana de Neutralidad en Nueva York que pide la no intervención de América en asuntos alemanes. En otras conferencias, ha hablado con otros oradores como George Sylvester Viereck y el capitán Max Moeller. Este último habló sobre la construcción de submarinos, y dijo:

"Alemania hundirá el comercio inglés. Los americanos no pintan nada en esto, y si se entrometen, lo harán bajo su propia responsabilidad".

Hay una referencia a una columna que Ewers escribía de forma habitual en la edición de la mañana del New Yorker Staats-Zeitung, hasta que personalmente aconsejé a Mr. Ridder que lo echase del periódico. Mi advertencia se centraba en el párrafo de un texto suyo sobre el fallecido autor germano Frank Wedekind, especialmente ofensivo, que yo mismo traduje del alemán:

"Es sabido que a menudo en las mesas de cualquier pequeño café de Viena, París, Múnich o Berlín -sí, incluso en Praga, Budapest o Estocolmo- se reúne más inteligencia, educación y talento que en cualquier universidad del Nuevo Mundo".

La palabra alemana "Bildung", que he traducido como "educación", también significa "cultura" o "refinamiento".

Lo que precede es la manifestación del disgusto que suscitan en un auténtico prusiano las instituciones americanas, y pueden ser tomadas como un ejemplo del parecer de Ewers sobre este país. Aunque por ella misma no suponga peligro, la cito como razón adicional para aconsejar su internamiento por el tiempo que dure la guerra.

Mr. Nobert Kantor, editor jefe del New Yorker Staate-Zeitng, me dijo sobre él:

"Ewers dice que se divorció de su mujer en 1911, pero en 1914 presentaba a sus amigos a una dama de la que decía que era su esposa. Viajó a España por segunda vez en 1916, con algún encargo secreto, pese a que ahora afirma no haber visitado España desde 1915. No le he prestado servicio alguno jamás, y menos desde una entrevista que tuve con él acerca del envío de nuestros soldados a México. Fue en el verano de 1916, creo, cuando me encontré a Ewers por la calle. Mi hijo, que siendo voluntario en la Armada vestía de caqui, estaba conmigo junto a varios amigos, cuando Ewers se aproximó y me dijo: "El Presidente Wilson ha estado abusando de los alemanes y tu hijo se alista en la Armada, y encima tú te enorgulleces". Le respondí que nosotros éramos ciudadanos norteamericanos, orgullosos de serlo, pero Ewers mostró desprecio por el servicio militar de mi hijo añadiendo que nosotros éramos alemanes y no teníamos derecho a llevar el uniforme norteamericano. Le respondí que sus ideas no me interesaban, y uno de los presentes, Mr. Lang, se acercó y me dio la mano felicitándome por el alistamiento de mi hijo. No he hablado con Ewers desde entonces. No tengo nada que ver con su contratación como escritor para el Staate-Zeitung".

Cuando lo pusimos bajo la custodia del Capitán Hull, Ewers salió con el ridículo ruego de que, si lo internábamos, su enamorada moriría. He podido conocer a la señorita en cuestión y doy fe de que está más sana que una vaca. Sobrevivió a la muerte de su marido y sobrevivirá al internamiento de Ewers; cosa, esta última, muy recomendable para garantizar la seguridad de este país y de su aliados.

LOS ARCHIVOS HANNS HEINZ EWERS (II)

* Für Anónimo

4 comentarios:

WOLFVILLE dijo...

"Incansable escritor de pacotilla" Madre del amor hermoso!! Impresionante el documento de una impresionante serie. No había duda de que el díscolo señor Ewers iba a acabar apareciendo en cualquier momento.

Saludos.

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT dijo...

¡Es una pena no disponer de una imagen de ese agente Perkins! así sobre el papel me recuerda un poco a Nelson Van Alden, el personaje que interpreta el actor Michael Shannon en "Boardwalk Empire".

Lo siento por sus críticos, pero se avecina en este blog una oleada de material diverso de nuestro Herr Doktor favorito.

Saludos, Wolfville!

A princesa no xardín dijo...

Este dossier es magnífico, y queda patente el enorme trabajo de traducción que ha hecho! Espero que haya segunda parte muy pronto!

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT dijo...

Ya he corregido unas inexcusables faltas de ortografía que me indican que, con el tiempo, mi cerebro se reblandece como un viejo kiwi

Como siempre, beso sus pies Prinzessin

Publicar un comentario