THE NATIONAL POLICE GAZETTE: HOMICIDAL HORRORS

1 de marzo de 1879
BATALLA CON GATOS DEVORADORES DE CADÁVERES

New Albany, Indiana, vivió recientemente un suceso extraordinario que tuvo lugar en la parte de la ciudad conocida como "Hog Hollow" ("La hondonada del cerdo"). Un tal Daniel Shean, antiguo empleado de una fundición de vidrio con residencia en una pequeña casa de la localidad referida, falleció repentinamente y esa noche algunos jóvenes se congregaron allí para velar sus restos, pero su viuda decidió que resultaban demasiado ruidosos y los invitó a marcharse con la excepción de Thomas Flinn y Willian Lang, dos hombre jóvenes, de aproximadamente 31 y 32 años, y de las dos muchachas que los acompañaban. Sobre las doce de la noche Thomas Flinn se dirigió a la habitación donde reposaba el difunto y se horrorizó al ver a tres gatos encima del cadáver. Trató de alejarlos con la mano, sin resultado. Cogió entonces un atizador, pero los felinos se defendieron con uñas y dientes hasta el punto de atacarlo aunque al final Flinn, con la ayuda de los otros invitados, a quienes pidió ayuda, pudo conseguir que salieran del cuarto. Cerraron la ventana, y entonces un gran número de gatos de todos los tamaños, edades y colores saltaron sobre el alféizar y se agolparon contra el cristal, con los ojos encendidos y sus lomos golpeando la ventana. Sus maullidos, sus lamentos y gemidos resultaban espeluznantes de escuchar, y los muchachos se sintieron asaltados por un vivo terror. Con la entrada vedada a estas pequeñas bestias necrófagas comenzaron a sentirse más tranquilos. Pero pronto se dieron cuenta de que no podían permanecer allí debido a que el olor que desprendía el cadáver del difunto resultaba demasiado ofensivo, de modo que decidieron abrirla de nuevo, aunque no lo suficiente como para dejar entrar a los gatos. Esto provocó un renovado asalto por parte de los animales, contabilizados por los presentes en aproximadamente un centenar. Flinn se apostó frente a ellos con el atizador, golpeándoles la cabeza a través de la abertura; pero los gatos insistieron en tratar de entrar en el cuarto. Finalmente, algunos de ellos lograron colar parte de sus cuerpos; los presentes cerraron sobre ellos los largueros y, tras haber puesto los atizadores al fuego, golpearon y quemaron a los animales de todas las formas posibles, creyendo que eso definitivamente los haría desistir de su empeño; pero no fue así, y la lucha se mantuvo hasta que los primeros rayos de sol iluminaron la estancia. Los muchachos mantenían la ventana cerrada hasta donde les era posible soportar el hedor del muerto, entonces se veían obligados a abrirla, dando comienzo de nuevo la lucha con los gatos. Fue un suceso poco común, sin precedentes en esa parte del país. El aspecto de los muchachos a la mañana siguiente era el de que quienes han tenido que librar una batalla con la enfermedad, declarando posteriormente que por nada del mundo volverían a pasar por algo así jamás. Nueve o diez animales fueron hallados muertos alrededor del edificio, y muchos vecinos echaron a faltar en sus hogares a sus gatas.

6 de enero de 1883

PASTOR LINCHADO

SENSACIONAL SERMÓN DE UN PREDICADOR EXCITA A SUS DEMONIOS – EL PERVERSO DOMINICO VIOLA A UNA DE SUS FELIGRESAS Y LA FAMILIA DE LA CHICA LO ENVÍA DIRECTO AL ALTÍSIMO

Hace unos pocos años el Reverendo James Parson provocó una ola de fervor religioso en el condado de Dearborn, Indiana, gracias a su elocuencia y a la santidad de sus palabras. En las últimas semanas sus viejos feligreses trataron de encontrar su pista perdida pero no pudieron averiguar nada hasta quince días más tarde, cuando un renombrado viajante de comercio se detuvo en la Old House de Indiana en Aurora, y les puso al corriente del trágico final que dicho individuo halló en un pequeño pueblo a pocas millas de Springfield, Missouri. El viajante aseguró que obtuvo la información mientras residía un tiempo en el pueblo en las fechas en que tuvo lugar la tragedia, hacía aproximadamente un año.

El pastor se había establecido en Springfield para desarrollar su labor ministerial. Las maneras agradables de que hacía gala y su poder de oratoria pronto le dieron fama, granjeándole una gran reputación como predicador. Su costumbre de alojarse en las casas de los feligreses le permitió introducirse en el seno de una respetable familia, consistente en dos hijos ya crecidos y una hija, esta última muy popular en la vecindad debido a su gran belleza. El predicador se enamoró pronto de la hija del granjero, y surgieron rumores de que una inminente boda sería el resultado de esta familiaridad. Se celebraron prolongadas reuniones y sobre el predicador cayó una renovada atención. La excitación religiosa fue creciendo, y la gente se reunía en multitudes venidas desde kilómetros a la redonda para escuchar su apasionada elocuencia.

Una noche, tras un sermón de inusuales efectos que atrajo a la causa de Jesucristo a muchos vecinos, la congregación se disolvió y como de costumbre el predicador se dispuso a acompañar a casa a la chica con la que se decía que acabaría desposándose. Habían recorrido aproximadamente una milla cuando, al pasar junto a un bosque solitario, decidió realizar proposiciones deshonestas a la muchacha, proposiciones que esta se apresuró a rechazar indignada. El pastor se arrojó entonces sobre ella con gran violencia, reduciéndola y arrastrándola hacia la espesura de los árboles. Mientras tanto el padre y los hermanos, que los precedían en su regreso a casa, aguardaban la llegada de ambos. Los minutos se hicieron horas y la chica no daba señales de vida. Alarmados y ansiosos, decidieron no esperar más, optando por volver sobre sus pasos para averiguar la razón de su demora. La hallaron vagando por la carretera, enloquecida por la conmoción, medio desnuda y sangrando por las heridas que el pastor le había infligido al tratar ella de defender su honor. Tras un rato lograron que les dijera qué había ocurrido, y mientras el padre la acompañaba a casa los hermanos subieron a sus caballos y fueron a despertar a los vecinos para que les ayudasen a vengar a su hermana.

El grupo de hombres dio pronto con el criminal que trataba de huir y lo hicieron regresar a la escena del crimen. Pronunciaron la sentencia de muerte y dispusieron todos los preparativos para ahorcarlo allí mismo en la carretera. Cuando todo estaba dispuesto, el predicador suplicó unos momentos para rezar. Se lo concedieron, y allí, en el solemne silencio de la noche, cayó de rodillas con la cuerda al cuello, las parpadeantes luces de las antorchas de los hombres iluminando sus rostros ceñudos y decididos; perdida toda esperanza, este extraño individuo no desistió en hacer uso de sus poderes de persuasión con objeto de conmoverlos. Mientras su voz se elevaba al cielo rompiendo la espantosa quietud de esta horrible escena, el profundo patetismo y la emoción de su súplica comenzaron a hacer mella en el ánimo del grupo que lo rodeaba. Fascinados por su poder, uno a uno los hombres hincaron sus rodillas alrededor del  individuo, y la determinación que habían albergado de castigarlo con la muerte se disolvió como cera caliente.

Fue el padre de la chica, recordando de pronto la miseria que le esperaba en su casa, quien gritó a sus hijos que tensaran la cuerda "antes de que terminara sus oraciones". Enseguida hubo fuertes manos y brazos dispuestos a hacerlo, y el cuerpo de James Parson se elevó en el aire.

11 de enero de 1879

ESPELUZNANTE SHOW EN CONEY ISLAND

POPULAR OSO BEBEDOR-DE-CERVEZA ATRAPA A UN MUCHACHO Y LO APLASTA CON UN ABRAZO MORTAL DELANTE DEL HORRORIZADO PÚBLICO

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El recinto conocido como Club House, propiedad de William S. Thoms, del Ocean Parkway en Parkville, aproximadamente a dos millas de Brooklyn, fue el escenario de un trágico incidente ocurrido en la tarde del pasado lunes, cuando un muchacho perdió la vida de una manera terrible. La víctima fue un brillante joven de trece años, hijo de Samuel Stretch, un respetable obrero del pueblo, y su asesino un oso al que se presumía manso e inofensivo. Sobre las dos y media de esa tarde Peter Stretch, el finado, se hallaba en el Club House en compañía de sus dos hermanos menores y de dos muchachos llamados John Busch y John Morne. Según es costumbre en los que llegan tarde al espectáculo, los chicos tomaron asiento en unas cajas situadas bajo los establos adyacentes al edificio del club, donde dos grandes osos –un macho y una hembra– descansaban encadenados. Tras unos minutos, los chicos se levantaron de sus asientos y comenzaron a jugar y gritar. El joven Bush corrió alrededor de los osos y Peter Stretch lo siguió. Cuando pasó al lado del oso macho, este, de nombre Ben, se alzó sobre sus cuartos traseros, estiró una de sus patas y atrapó al muchacho por la pierna. El chico, al sentir hundirse la zarpa en su carne, gritó, uniéndose sus compañeros a sus gritos. Pero Ben ya lo tenía asido con su abrazo mortal. Agarrándolo por los hombros, ahogó los gritos del muchacho, y entonces con salvaje ferocidad hundió sus colmillos hasta una pulgada en su cuello, perforándole la yugular y matándolo. Mientras tenía lugar la lucha, que según testigos no superó los dos minutos, Mr. Thoms, que estaba sentado en la cocina de su hotel a unas pocas yardas, al escuchar el escándalo miró por la ventana y comprendió lo que sucedía. No perdió un instante, haciéndose con un bastón que utilizó para golpear al animal. La asistencia médica acudió de inmediato, pero los esfuerzos resultaron inútiles. La madre del muchacho llegó al reciento y tras abrazar a su hijo insistió en que no estaba muerto, y que “un poco de brandy” lograría hacerlo revivir. Durante la lucha, el oso hembra, llamada Kate, permaneció sentada observando airadamente la escena y gruñendo, pero sin tomar parte en la acción. Ben, el oso, una vez completado su crimen y para horror de los espectadores, procedió a lamer la sangre de sus zarpas con deleite. Se requirió al oficial Miller de la policía de Flatbush para que disparase sobre el oso, al cual descerrajó no menos de cinco balas en la cabeza. Esto no produjo el efecto deseado, no obstante, y un muchacho llamado Ravenhall le procuró un arma de calibre mayor con la que disparó sobre el corazón del animal. Todavía agonizando el oso, Ravenhall lo acuchilló con un gran puñal, mientras Mr. Thoms le propinaba severos golpes en la cabeza con un hacha.

Los osos, durante el verano, solían permanecer en la granja de Garret Katen, Coney Island, donde siempre se habían mostrado dóciles y obedientes. Con frecuencia entraban a los bares y compartían cerveza con los tertulianos allí reunidos, destapando el corcho de las botellas ellos mismos, y bebiendo en ocasiones hasta cuarenta y cincuenta botellas al día. A veces mostraban síntomas de estar un poco ebrios, pero se dice que nunca perdieron su buena educación. El día del fatal accidente ninguno de ellos había bebido una sola cerveza. 

11 de enero de 1879

ASESINOS RELIGIOSOS

Si es cierto que, tal como opinan nuestros teólogos anti-Beecherianos, Su Satánica Majestad –por motivos abiertamente sospechosos– tiene gran interés en los asuntos de nuestro bajo mundo, justo es presumir que el fomento de los homicidios ocupa en su ideario un lugar prominente. Cuando sucede que el perfil ordinario de tales sucesos viene aderezado por un matiz religioso, como ocurre en los dos casos tratados en esta nuestra columna semanal, cabe suponer que el Archimaligno debe obtener un especial goce ante la infernal ironía de la situación.

El primero de los casos referidos nos llega desde Seattle, en la distante Oregon. En este suceso, un piadoso colono llamado Brown fue con su esposa a celebrar el Sabbath en compañía de su también piadoso vecino Gallagher. La mujer de este último se  encontraba asimismo presente. En tan agradable compañía y a una hora propicia para la reflexión religiosa, la charla, como es de suponer, asumió tintes devotos, derivando en una comparación sobre sus diferentes puntos de vista en torno al tema. Estos no coincidían del todo, y la charla tomó visos de discusión, y la discusión creció hasta dar lugar a una acalorada guerra de puntos de vista teológicos. A medida que las palabras se encendían, la inicial cortesía del debate se esfumó y, emulando a los grandes conflictos mundiales entre religiones, tornóse amarga y personal, despertando en los oponentes la sed de la sangre de su vecino. Al final, el piadoso Gallaguer, en su empeño por disuadir a su oponente Brown de los erróneos puntos de vista que este asumía, sacó su revólver, pero el humilde y manso Brown le ganó la mano ofreciéndole un argumento más poderoso en la forma de un gran cuchillo de trinchar carne, el cual hundió en el impío abdomen y tórax del devoto pero equivocado Gallaguer, añadiendo varias puñaladas adicionales con objeto de reforzar su argumentación y llevar su disputa a la victoria. Su lógica fue simplemente incontestable. Su oponente, desistiendo del derecho a réplica, cayó al suelo ensangrentado y sin vida. Entonces Brown desapareció entre los árboles, y nadie ha vuelto a saber de él.

El otro caso de homicidio religioso es el de un tal Will Myers, quien, junto a cuatro amigos, réprobos irredentos todos ellos como es obvio, sin el menor respeto por las cosas sagradas, perturbaron un sermón que estaba teniendo lugar en un pequeño pueblo de Michigan. Tras la homilía, dos buenos muchachos cristianos llamados Jack Wade y Charlie Crain, que habían participado en ella y que se sentían religiosamente inspirados por las palabras de nuestro Salvador, sintieron la necesidad de solicitar explicaciones por esta conducta impropia enseñando a los chicos algo de respeto por el sermón del pastor y por los asuntos espirituales en general, respeto del que obviamente no tenían ni la más lejana noción, todo ello por medio de grandes cuchillos de caza. Los réprobos no parecieron sentirse muy receptivos a los esfuerzos de estos improvisados misioneros a tenor del feroz alboroto que se desató a continuación, a resultas del cual los dos muchachos cristianos recibieron gran cantidad de golpes mortales. Si bien es necesario observar que, en esta carnicería, los chicos malos, al contrario que los defensores de la fe, debieron recibir una "ayuda extra" de su patrón, Su Satánica Majestad, mucho más rápida y eficaz en llegar que la solicitada a Dios por los devotos rezos de sus adversarios.

Chaplin reading the Police Gazette

THE NATIONAL POLICE GAZETTE COVER GALLERY I

THE NATIONAL POLICE GAZETTE COVER GALLERY II

4 comentarios:

WOLFVILLE dijo...

Creo que este es el blog de historia viva más hermoso que yo haya jamás visto o leido. Chapeau!!

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT dijo...

Wow... gracias Wolfville!

A princesa no xardín dijo...

Muy cierto, Wolfville! Aunque más que historia viva es historia muerta: todos los desafortunados protagonistas acaban abiertos en canal o con los pies colgando.

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT dijo...

En mi defensa debo decir que el difunto jefe de redacción de la Gazette ya hizo la selección por mí, ejem!

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