GEORGE SANDERS: MEMORIAS DE UN FARSANTE PROFESIONAL


“He llegado a la conclusión de que para disfrutar plenamente la vida debemos llenarla de contrastes. Y cuanto más extremos sean esos contrastes, más rica será”.

“Durante mucho tiempo me consideraron el actor ideal para interpretar a crueles, altivos y sarcásticos nazis”.

“Sobre ese Óscar que me dieron, me sentí agradecido y halagado, pero aparte de estirar mi ego una talla más de lo razonable esa cosa no hizo absolutamente nada por mí”.

“Sospecho que hacíamos todos mejor papel como monos subidos a los árboles, y antes de eso, mejor todavía como sencillos y bonitos peces en el océano”.

“No soy irreligioso, ni ateo, ni irreverente. No defiendo la apostasía, ni siquiera soy agnóstico. Simplemente no tengo la menor idea de qué significado tiene todo esto”.

“Almorcé con Marilyn Monroe un par de veces y encontré que su conversación era inesperadamente profunda. Mostraba un interés en temas intelectuales que, cuanto menos, me dejó desconcertado. Quizá debería añadir que en su presencia no era fácil concentrarse en algo intelectual”.

“Para empezar, es imposible estar enamorado de una mujer sin experimentar en ocasiones el irresistible deseo de estrangularla. Lo cual puede conducirte a situaciones desagradables. Las mujeres son muy sensibles con eso de que las estrangulen”.

“Desde que empecé con esta profesión mía de actor he tenido siempre un profundo sentimiento de irrealidad. Y la atmósfera de Hollywood no ha ayudado a disiparlo”.

“Quizá mi curiosa indiferencia al éxito se entenderá mejor si te digo que la fuerza más poderosa de mi naturaleza ha sido la pereza; y para practicarla con razonable confort, he llegado al extremo de estar dispuesto a trabajar… de vez en cuando”.

“Si los seres humanos quieren encontrar alguna clase de paz deben aprender a convivir unos con otros y cada uno consigo mismo. Esto solo será posible cuando tengamos conciencia de los motivos y las pulsiones que determinan nuestro comportamiento. Creo que para los niños adquirir este conocimiento sobre su propia psicología es más importante que las matemáticas”.

“En pantalla soy usualmente un cínico de modales exquisitos, cruel con las mujeres e inmune a sus insinuaciones y caprichos. Esa es mi máscara, y me ha servido bien durante 25 años. Pero en realidad soy un sentimental, sobre todo en lo que respecta a mí mismo; siempre al borde de las lágrimas por las emociones más ridículas e invariablemente víctima de la inhumanidad que despliegan a veces las mujeres con los hombres. Es comprensible que haya adoptado esta máscara para proteger mi naturaleza ultrasensible. Y por fortuna no solo me ha protegido sino que me ha dado de comer. Si te cuento todo esto es para que entiendas que aunque en el cine soy invariablemente un hijo de perra, en la vida real soy un chico encantador”.

“Los ricos y esa gente que llamáis clase alta sufren todos del más agudo aburrimiento”.

“Me fastidian los individuos que se sienten embarazados cuando surge una pausa en la conversación. Para mí, cada pausa en una conversación es un alivio”.

“Cada refutación al dogma, cada destello de lógica inteligente, cada reducción al absurdo de alguna postura terminante es un antídoto”.

“Vive, chico. No dejes escapar nada. No tengas miedo a nada”.

“Soy un católico reformado y recompuesto. En otras palabras: soy un budista”.

“No soy una de esas personas que prefieren actuar antes que comer. Todo lo contrario. Mi deseo de niño era retirarme. Esa ambición nunca ha cambiado”.

“No hago preguntas. Me limito a coger el dinero que me paga Hollywood y usarlo en cosas que me interesan”.

“Las mujeres son como las enfermedades infecciosas. Una recaída es siempre de enorme gravedad. Mi boda con la enloquecida bruja de Zsa Zsa fue un craso error. Me avergüenza decirlo, porque no se debe golpear a las mujeres, pero yo sí lo hice. En defensa propia, claro está...”.

"Querido mundo: me marcho. He vivido demasiado tiempo, prolongarlo sería un aburrimiento. Os dejo con vuestras preocupaciones en esta dulce cloaca. Buena suerte". —George Sanders, Catelldefels, 25 de abril de 1972.

“George fue para mí un hermano, un hijo, un amante, incluso un abuelo. Era irritante y encantador. Inteligente y educado. Un canalla y un caballero. Un hombre que sabía cómo tratar a las mujeres, y cómo torturarlas. Un príncipe desdeñoso, indiferente, remoto y elegantemente despectivo” (Zsa Zsa Gabor, ex mujer de Sanders)

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