ESPECIAL HARRY HOUDINI (II)

Consternación tras el desafío lanzado al famoso escapista y experto en cerrojos  -  El Jefe de Policía se quita el sombrero ante su tercera hazaña en Washington  -  Las multitudes, paralizadas de asombro.

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Dos asesinos confesos y condenados a largas penas de cárcel, otros cuatro bajo acusación y dos notables criminales fueron liberados ayer de sus celdas en una prisión de Estados Unidos y, durante unos breves instantes, volvieron a experimentar el sabor de la libertad.

Harry Houdini, el escapista de renombre internacional y conocido “Rey de los Grilletes”, fue el héroe de esta sensacional hazaña. Invitado por el Alcaide Harris y las autoridades máximas de la prisión, Houdini desintegró puertas, cerrojos y otras medidas de seguridad.

Houdini escapó de la celda donde había sido confinado en su día Charles J. Guiteau, el asesino del Presidente Garfield, liberando además a todos los presos que se encontraban en el mismo corredor para luego introducirlos en celdas completamente distintas.

Durante bastantes días –más exactamente, desde la notable fuga de Houdini del Recinto Diez–, J.H. Harris, de la Prisión Federal del Sector Este de Potomac, se había esforzado por incrementar las medidas de seguridad en torno al encierro de Houdini, mientras el Alcaide aseguraba tener plena confianza en los sistemas de seguridad, expresando el deseo de que sus intentos de fuga no tuvieran éxito. Hasta ayer, Houdini había estado ocupado aceptando las invitaciones de otras instituciones penales y se creía que la oferta de poner a prueba esta en particular había sido rechazada; pero el escapista, no queriendo ser descortés, se personó ayer a mediodía para agradecer al Alcaide Harris su propuesta y asegurarle que estaría encantado de aceptar su desafío.

La noticia de su visita corrió como la pólvora por el interior de este gran edificio construido al estilo de una catedral, y las siguientes autoridades se apresuraron a reunirse en el despacho del Alcaide: el Subdirector W. Grayson Urner, el Capitán Ed. S. Randell, los guardias John C. Campbell, George C. Gumm, James Corrigan y John P. Hickey, los médicos de la prisión Dr. Kerfoot Shutte, Dr. H.I. Sout y Dr. T. Sullivan, el secretario J. Fred Harris, y los señores Theo Judd, Frank Jones y John T. Wald.

Houdini fue invitado a examinar la disposición de las celdas en el Corredor de los Asesinos, que se halla en el ala sur y que consta de diecisiete unidades, en las cuales se encuentran confinados Walter H. Hamilton, sentenciado el pasado noviembre a morir en la horca, ahora pendiente de que se resuelva su apelación; Richard Chase, sentenciado a doce años por homicidio involuntario; Thomas S. Whitney, John Mercer, Edward Ferguson, Jeremiah Donovan y Henry Gaskin –todos ellos bajo la acusación de asesinato, sus tropelías todavía frescas en la mente del público; también James A. Backus, antiguo tesorero del Servicio Postal acusado de fraude y estafa, y Clarence Howlett, condenado por asalto.

Houdini se mostró particularmente interesado en la celda Nº 2, famosa por haber alojado a Guiteau y en teoría la más segura de todas, aunque fue de hecho desde el exterior de esta celda desde donde Jones “El Vengador” efectuó los disparos sobre el asesino del Presidente, en un intento por acabar con su vida. Ahora la celda la ocupa Hamilton, que está acusado de haber asfixiado a su mujer velándola luego durante toda la noche con una orgía de alcohol, y de quien los guardias aseguran que es el más metódico y ordenado de los presos. Howard Schneider, que asesinó a su mujer y al hermano de ésta, y Schaefer, ajusticiado hacía unos días, también ocuparon esta celda.

PESADAS PUERTAS CON BARROTES

Todas estas celdas consisten en estructuras de ladrillo con puertas adosadas a los muros a una profundidad de no menos de tres pies, abriéndose a un corredor. Cuando sus sólidas puertas con barrotes son cerradas, una barra de hierro se alarga por todo el muro, formando un ángulo a la derecha y deslizándose sobre un cierre de acero que se activa con un resorte, el cual precinta todos los cerrojos. Este último sólo puede abrirse con una llave, única para todos ellos.

Con Houdini recorriendo el complejo, resultó natural que algunos presos manifestaran un encendido deseo de que entrase con ellos en sus celdas y les enseñase cómo salir, algo que Houdini se mostró dispuesto a hacer con su acostumbrada cortesía. Insistió, no obstante, en que entre todas ellas prefería la Número 2, por ser la más difícil de burlar, y por el gran número de notorios criminales que habían pasado allí sus últimos momentos. El Alcaide accedió, y Houdini fue desvestido y se le condujo a la celda de Hamilton, El Negro, quien según testigos retrocedió receloso a un rincón, presumiblemente bajo la sospecha de que alguien se las había ingeniado  para proporcionarle un último y definitivo viaje al infierno. Algo más de dos minutos después Houdini ya estaba fuera de la celda, libre, casi en menos tiempo del que los guardias habían tardado en encerrarlo.

A continuación, sin que estos guardias lo advirtiesen –ya que se habían retirado fuera de su vista–, Houdini abrió las celdas de Chase, Whitney, Mercer, Ferguson, Donovan, Gaskins, Backus y Howlett. A todos ellos la repentina visión de un Houdini desnudo exhortándoles a salir debió resultarles algo fantástico, Chase en particular lanzó una exclamación  y le preguntó: "¿Has venido a liberarme? ¿por qué estás desnudo?". Creyendo que Houdini era un preso que de alguna manera había logrado fugarse, lo siguió fuera y hasta el final del corredor, en donde el escapista abrió la celda de Clarence Howlett.

"¿Qué haces tú aquí?", preguntó Houdini a un sorprendido Howlett. "¿Por qué te han encerrado?"

"Por asalto a una casa", dijo el prisionero, temiendo que fuera su última confesión. "Pues eres bastante malo en eso, si no ya estarías fuera.  Sígueme, deprisa", dijo Houdini.  Howlett siguió a su extraño captor, y Houdini empujó a Chase dentro de la celda de Howlett, apremiando a Howlett para que entrara a su vez en la celda de Chase.

Esta escena, extraña y estresante, se repitió una y otra vez hasta que el último de los confundidos presos hubo entrado en una celda distinta a aquella en la que se encontraba al principio. Veintiún minutos después de haber sido encerrado, Houdini había concluido su rápida actuación y aparecía por su propio pie en el Hall, vestido como de costumbre.

Cuando los guardias descubrieron lo que había hecho con sus prisioneros, su asombro no tuvo límites, y tomándoselo con gran humor procedieron a meter de nuevo a cada preso en su celda. Como conclusión, el Alcaide Harris hizo entrega a Houdini de un certificado, del cual lo que sigue es una copia:

"Por la presente certifico que el Sr. Harry Houdini, hoy 6 de junio de 1906, en la Prisión Estatal, fue completamente desvestido e introducido en la celda Nº2 del ala sur, en la cual Charles J. Guiteau fue confinado desde su entrega por las autoridades hasta el día de su ejecución, el 20 de junio de 1882. El Sr. Houdini, en aproximadamente 2 minutos, se las ingenió para escapar de dicha celda, irrumpiendo asimismo en aquella en donde sus ropas habían sido depositadas, recuperándolas. También liberó a todos los prisioneros del corredor. La posibilidad de una confabulación o acuerdo previo del Sr. Houdini con los prisioneros está fuera de toda consideración. El Sr. Houdini realizó la hazaña arriba descrita, incluyendo el acto de vestirse de nuevo con su ropa, en aproximadamente 21 minutos”

 

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Houdini presidente!

Pero la historia crece en la sombra de los prisioneros. Qué educados y pacientes yendo de celda en celda ¡Con el secreto a la tumba!.

felicidades y gracias por todo lo que traduces. impagable.j.

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT dijo...

No me sea usted escéptico, caballero! Que la vida misma es una comedia de enredo

Gracias por leer estos articulitos

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